Un nuevo Suresnes

La madrugada del 20-N escribí apresuradamente al llegar a casa el post que antecede a éste.
Lo hice tras pasar, como muchos militantes y voluntarios del partido, un día difícil con lluvia y frío, con la acreditación de apoderado o interventor colgando en el pecho, viendo uno tras otro abrirse los sobres de los votos en el recuento final que, antes de acabar, ya sabíamos acabaría dando la victoria electoral al Partido Popular.
Las caras de los compañeros que a lo largo de la noche iban llegando a cada una de nuestras sedes con las actas de escrutinio bajo el brazo confirmaban que la percepción de derrota no era personal ni subjetiva, ni un caso aislado de la Mesa en que pasé once horas señalando votantes en el Censo.
Han pasado 6 días. He digerido los resultados. Con más serenidad y perspectiva asumo que el Partido Socialista ha perdido 4,3 millones de electores y 59 diputados con respecto a las últimas Elecciones Generales de 2008.
Curioso es que el Partido Popular, pese a su abrumadora mayoría absoluta -y soplando todos los vientos a su favor-, sólo incrementase en 560.000 sus votos respecto a la última cita electoral con carácter general de hace 4 años: 10,82 millones de españoles les dieron su confianza; 470.000 menos que los que en 2.008 la depositaron en nosotros y que no nos hicieron conseguir, sin embargo, la citada mayoría.
Izquierda Unida sumó aproximadamente 700.000 votos más, y UPyD casi 800.000.
El descontento que se venía percibiendo, desde antes de las últimas municipales del 22 de Mayo con los dos grandes partidos tenía su reflejo final en un Parlamento más fraccionado (pero también más plural) que nunca, con el aumento en número de escaños y la entrada por primera vez, de partidos políticos minoritarios de todo color e ideología, aunque principalmente de izquierdas.
Pocos votos, en contra de lo esperado, ganaba el Partido Popular, que apenas rompía su techo histórico. Subía toda la izquierda atomizada en pequeños partidos, y se desplomaba el PSOE. Me vino entonces a la cabeza la tesis defendida en el artículo que en 2.007 publicó en EL PAÍS, César Molinas, que titulaba “El poder decisorio de la izquierda volátil”, por la cuál “las elecciones en España no se ganan o pierden en el centro político, sino <<por la izquierda volátil>>”, que es aquélla que nos castiga cuando tratamos precisamente de ganar más electorado centrista y enfocamos nuestras políticas en esa dirección.
Cuatro años después, buscando ese mismo artículo, me encuentro uno nuevo de dicho autor, también en EL PAÍS, en que viene a ratificarse en su hipótesis, poniendo de manifiesto que sólo 600.000 de los votos perdidos por el PSOE fueron a parar a los sobres del PP, pero matizando, no obstante, que además de a Izquierda Unida, en esta ocasión también huyeron hacia UPyD, y cómo no, a la abstención.
Fragmentación del voto de la izquierda y falta de movilización del electorado socialista, concluyo y coincido con muchos de los análisis que al respecto he leído estos días. ¿Ha ganado el Partido Popular o hemos perdido nosotros? Más bien lo segundo, entiendo.
Es necesaria la reflexión, profunda, mucho, ante los resultados obtenidos. Y la autocrítica. Pero eso no ha de significar, no obstante, a mi modo de ver <<porque toque>> un revisionismo despiadado e injusto de nuestras políticas y nuestra gestión y una purga al modo estalinista de quienes han ostentado cargos de responsabilidad en el partido en los últimos tiempos a los cuales ahora veo con estupor que se les atribuye TODA la responsabilidad en los resultados obtenidos. No nos olvidemos que hasta hace una semana todos defendíamos las políticas que habíamos llevado a cabo y a quiénes las habían decidido. Aunque estuviéramos en campaña, es cuestión de credibilidad no decir ahora lo contrario. Hace un año, hace un mes, hace 6 días, también pudimos decirlo.
Tuvimos una muy buena primera legislatura (parece haber pocas discrepancias al respecto), y una segunda muy mala. La crisis atropelló a la economía española, decía Iñaki Gabilondo, –como también lo hizo con la del resto de países occidentales- y al partido del gobierno al que había tocado gestionarla. Islandia, Irlanda, Reino Unido, Dinamarca, y Portugal vieron caer sus gobiernos gestores de la misma, y sus ciudadanos recurrieron al cambio en búsqueda de soluciones. Vistos los resultados, fuere el giro a la derecha o a la izquierda, debo decir que el arreglo a todos los problemas no residía ahí. Me temo que aquí en España, lo comprobaremos también en breve.
Creo honestamente, que en Educación lo hicimos bien. Como también en Sanidad, Dependencia y derechos sociales. Pero había 5 millones de parados que también votaban. Y lo hicieron. No supimos articular una salida a tan grave situación y los españoles perdieron su confianza en nosotros para resolver el problema. Las advertencias sobre los “recortes” del PP no desmovilizaron a su electorado, que se mantuvo fiel. No consiguieron, no obstante, movilizar al nuestro para ganar o, en todo caso, para evitar su trasvase a otros partidos de izquierda.
No nos engañemos, todos sabíamos casi con certeza que era prácticamente imposible resultar victoriosos en esta contienda electoral. En la partida que se jugaron Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, éste último tenía todas las cartas marcadas. Para perder. En palabras de José Juan Toharia, Presidente de Metroscopia, nuestro candidato <<no podía criticar al gobierno anterior, y a cada cosa que propusiese le iban a preguntar que por qué no lo había hecho antes>>.Y así fue.
Elena Valenciano, responsable dela campaña socialista describe, a mi modo de ver, bastante bien, el escenario que se encontró el partido en esta recta final: En Agosto fueron las noticias sobre un inminente rescate a Grecia, Italia y Portugal; saco en el que muchos metían ya a España. En Septiembre fue la no del todo entendida reforma de la Constitución para fijar el techo de gasto, en lo que muchos vieron una capitulación ante los mercados y otros el acta de defunción del Estado del Bienestar. Sólo a última hora tuvimos la noticia positiva del fin de ETA, pero quizás ya era tarde. Frenamos el trasvase de votantes socialistas al Partido Popular (que se estimaba en un millón, aproximadamente), pero no logramos que los indecisos vinieran al PSOE. Finalmente se fueron a otras opciones.
¿Y ahora qué?
Ahora toca remangarse.
Se ha insistido mucho en la necesidad de reflexionar y hacer autocrítica. Personalmente opino que, sin esos 5 millones de parados, con el resto de aciertos y errores que hemos cometido en la pasada legislatura, hubiéramos ganado las elecciones. Exceptuando ese monstruo en que se convirtió el paro en nuestro país, el balance arrojaba más luces que sombras. La mancha, no obstante que suponía en nuestra hoja de servicios era tan grande, que acabó emborronándolo todo, incluso lo bueno, que no era poco.
Perder más tiempo del debido en mirar hacia atrás, es perderlo en mirar hacia delante y hacia el futuro, que es a dónde se han de encaminar nuestros esfuerzos (Hay elecciones autonómicas en Andalucía en Marzo, y vuelve a haber Generales en 2.015). El 20 de Noviembre de 2.011 nos ha infligido una severa derrota electoral, pero lo será aún más y volverá a repetirse, si no se aprovecha la ocasión para repensar, de verdad, cuál ha de ser el modelo de partido que con garantía habrá de acometer la tarea de pasar de opositor al que gobierne, a partido que aglutine a una nueva mayoría social que le haga recuperar lo perdido. Y aquí sí que cabe ser crítico. Y exigente.
Coincido con Tomás Gómez en que con los resultados obtenidos, <<no hay que poner una coma en el camino del PSOE, sino un punto y aparte>>. Emprender un proceso de profunda renovación, como dice Juan Fernando López Aguilar, <<que se vea y se note>> es necesario. Recurrir a la cirugía reparadora pues no basta una capa de maquillaje, es lo que añado yo.
El partido debe asumir que ya ha pasado la época de los militantes encerrados en sí mismos, con agrupaciones obsoletas -que a mi modo de ver, compartimentan, dividen, lastran y debilitan su total potencial- y sus métodos de trabajo que algunos han tachado de clientelares. <<Hacerse -continúa López Aguilar- más acogedor y atractivo para quiénes están, para quiénes nos visitan, para quiénes nos miran …>> Y para quiénes se acercan a quedarse, apostillo yo.
Se ha anunciado la celebración del 38º Congreso Federal en Sevilla para el próximo mes de Febrero. Nominalmente se trata de un Congreso Ordinario, pero sus cometidos son ,o deberían serlo, dadas las circunstancias y precisamente aprovechando éstas, políticamente propios de uno Extraordinario.
Creo que no exagero si digo que en el mismo nos jugamos nuestro futuro a corto y medio plazo y del mismo debería resultar, cual nuevo “Suresnes”:
1.- UN NUEVO LIDERAZGO, más moderno, con el que se identifique la mayor parte de la sociedad actual a la que entiendo debemos preocuparnos en radiografiar ya, para saber qué quiere, qué no quiere, qué le preocupa, y qué soluciones demanda y que transmita sobre todo CONFIANZA, futuro e ilusión, y no mera contabilidad y gestión. No quiere decir que tenga que ser un nuevo candidato con total seguridad, pero sí un nuevo liderazgo basado en la unión y el consenso de todos.
2.- UN NUEVO PROYECTO, que no puede quedar en soflamas vagas y arquetípicas sino ir más allá y esforzarse de verdad en tratar de dar respuesta, siempre desde nuestros postulados de izquierda, a los nuevos retos y desafíos que el mundo de hoy plantea. La honesta asunción por todos, de la realidad de una economía globalizada que se europeíza cada vez más y se cocina en gran parte en Organismos Internacionales, para lo bueno y para lo malo; y la constatación de que las demandas sociales y políticas actuales no son ya, las que se tomaron en consideración hace 132 años creo, son hitos obligados en ese camino que la socialdemocracia, no ya sólo española, sino la continental toda, debe recorrer.
Se han transformado los mercados de trabajo, ha desaparecido en gran parte la clase obrera tradicional, ha emergido un nuevo “proletariado de servicios”, se han transformado las estructuras familiares, han aparecido nuevas y diferentes tensiones en sociedades cada vez más multiculturales, han surgido nuevas desigualdades sociales con origen no sólo ya en la capacidad económica de los ciudadanos o en su sexo, sino también en su orientación sexual, su capacitación académica, su origen extranjero o incluso su procedencia dentro del Estado. Y ante todas estas novedades el partido debe estar preparado para ofrecer una respuesta diferenciada desde la socialdemocracia. Elaborar un texto programático que, como ha dicho Juan Carlos Rodríguez Ibarra, nos reconcilie a todos los militantes con el partido, y al partido con la sociedad.
3- UN NUEVO MODELO DE PARTIDO, que ponga el “aparato” al servicio del mismo, y no a éste al servicio del “aparato”. Que apueste valientemente por las listas abiertas, desbloqueadas, y por la limitación de mandatos; contra la acumulación de cargos; por dirigentes con biografía laboral propia que no entiendan la política como un oficio, y por un proceso de primarias para elegir al nuevo Secretario General (aprendamos de la experiencia del Partido Socialista francés).
Que se modernice sin complejos el partido, y se oxigene democráticamente la organización, en definitiva. Ello habrá de hacerse necesariamente dando un papel más activo e importante a los militantes de base, como único modo de frenar ese proceso de “desmovilización” que todos venimos acusando en los últimos tiempos.
Si no se cuenta con el parecer directo de nuestros 220.000 afiliados para la designación de quién habrá de dirigir el PSOE; ni se cuenta con su opinión sobre cuál haya de ser la forma en que nos organicemos, o el proyecto con el que pretendemos servir a la sociedad; o sobre cualquier otro avatar relevante para el mismo; mal podremos exigirles luego trabajo y movilización en cada cita electoral, y con ello que arrimen el hombro para conseguir más votos en el futuro. Quizás, o más bien seguramente, de aquellos polvos, vienen estos lodos.
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Comments
Leido este post solo agradecerle por su claridad de palabra i echos acerca el 20N,efectivamen te no ha ganado la dcha,como vd.dice ha perdido la izq x su disgregación.jo en la anterior habia votado PSOE,y visto lo visto he decidido votar más a la izq, en el deseo q la izq aumentara para hacer frente a esta dcha q espero sepamos contener de una forma u otra.Siento mucho su preocupación i m apunto a sus deseos de savia nueva y modelica para todos. un abrazo. @112graf
Incluso pediría lealtad de dirigentes para que den ejemplo de ella, como lo hacen muchos miles de votantes que pese a ir las cosas mal, han sido leales a una ideología.
No me extiendo más, sólo felicitarte por tu acertada valoración.
Sin embargo, mirando hacia Málaga ese "Nuevo Modelo" de partido parece quedar muy lejos, precisamente porque os habeis dejado arrastrar por la corriente, que era manejada por unos incompetentes, y ahora esta parece demasiado fuerte.
El futuro está en profesionales políticos, no políticos profesionales. Sin embargo el político socialista mas "ascendente" en Málaga parece ser Daniel Perez y esto dista bastante de lo anterior.
Un saludo.
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